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La Tregua de los Doce Años (1609 – 1621)
La Tregua de los Doce Años entre España y la República. Después de finalizada formalmente la Tregua de los Doce Años, Federico Enrique, hijo de Guillermo de Orange y Luisa de Coligny, reanudó la guerra contra España consiguiendo muchas victorias.
La Tregua de los Doce Años Hacia el año 1600, la República se había convertido en una potencia importante. Francia e Inglaterra habían firmado en 1596 junto con las Provincias Unidas una triple alianza, con la cual de hecho reconocían a la República. Mediante esta alianza la guerra contra España pasaba a formar parte de la campa ña contra los Austria orquestada por Francia. En 1600, los Estados Generales y los comerciantes holandeses encomendaron a Mauricio, que era estatúder, capitán general y almirante de la flota, la tarea de ocupar las ciudades costeras flamencas y destruir el nido de corsarios de Dunquerque. Los corsarios dunquerquianos hostigaban constantemente a la naciente flota mercante holandesa. Aunque Mauricio no estaba en absoluto de acuerdo con la expedición, no obstante la llevó a cabo. En las dunas de Nieuwpoort entró en batalla con el ejército del archiduque Alberto, gobernador e hijo político de Felipe II. Mauricio ganó la batalla, pero no consiguió conquistar las ciudades flamencas ni Dunquerque. La guerra continuó en el mar y cerca de Gibraltar Jacob van Heemskerck venció a la flota española. Era la primera victoria marítima importante de la flota de la República y tuvo un gran valor estratégico. Van Heemskerck sucumbió durante la batalla. En 1608 tuvieron lugar en La Haya negociaciones de paz entre España y la Rep ública, estando también presentes Inglaterra y Francia. En 1609 se firmó la Tregua de los Doce Años. Mauricio hubiera deseado continuar la guerra, mientras que el consejero Oldenbarnevelt era un decidido partidario de la paz. Las relaciones de los dos hombres más poderosos de la República se veían dificultadas además por otro problema. En la iglesia calvinista reformada había surgido un gran conflicto teológico entre dos grupos: los arminianos y los gomaristas. Mauricio había tomado partido por los gomaristas, de orientación muy ortodoxa; Oldenbarnevelt, por el contrario, apoyaba a los arminianos, de ideas más moderadas. El conflicto escaló, amenazando con producirse una guerra civil. Durante un sínodo convocado en la ciudad de Dordrecht triunfaron los gomaristas y Oldenbarnevelt fue acusado de alta traición y juzgado por un tribunal especial, que le condenó a muerte. Fue ejecutado en La Haya el 13 de mayo de 1619. La postura de Mauricio en la cuestión religiosa hizo que quedaran deterioradas por mucho tiempo las relaciones entre los Estados Generales y los Orange. En 1621 finalizaba formalmente la Tregua de los Doce Años. Inicialmente se deseaba convertir la tregua en una paz definitiva, pero esta se vio dificultada por las extremas condiciones que imponía España. El 23 de abril de 1625 murió Mauricio. Le sucedió el hijo menor de Guillermo de Orange, Federico Enrique, conde de Nassau y príncipe de Orange, cuya madre había sido la última mujer de Guillermo, Luisa de Coligny. Federico Enrique reanudó después de la muerte de Mauricio la guerra contra España, que en los últimos años prácticamente había cesado. Conquistó muchas de las ciudades ocupadas por los españoles, recibiendo el sobrenombre de “Doblegador de ciudades”. Su entrenamiento militar lo había recibido de Mauricio de Orange y de Simón Stevin, matemático e ingeniero al servicio de Mauricio. En 1639, España envió una segunda armada a los Países Bajos con 20.000 hombres a bordo, a fin de doblegar a los rebeldes Estados. El almirante Maarten Tromp salió a su encuentro con una flota mucho más pequeña y la derrotó cerca de Downs.
La República de las Provincias Unidas (1588)
Una enorme flota española “la Armada Invencible” fue desmembrada en el Canal por la flota inglesa. Mauricio, el hijo del asesinado Guillermo de Orange, hizo que los españoles se pusieran a la defensiva y arrebató a los españoles una ciudad tras otra.
En la República de las Provincias Unidas surge una construcción política única, a cargo del hombre más importante de aquella época, el consejero pensionario Johan van Oldenbarnevelt. La República de las Provincias Unidas En 1588 la República de las Provincias Unidas estaba formada por siete provincias soberanas: Holanda, Zelanda, Utrecht, Frisia, Groninga, Overijssel y Güeldres, de las cuales Holanda era la más poderosa. Guillermo de Orange fue el primer estatúder de la República. En su origen, este cargo implicaba que quien lo ostentaba era el representante y sustituto del rey español. En la República el estatúder se convirtió en servidor de los Estados, surgiendo una forma de gobierno totalmente nueva, en la cual los Estados Generales constituían el má ximo organismo. Los Estados Generales estaban formados por representantes de las siete provincias libres y se reunían en La Haya. Por el hecho de que se requería consenso pleno en asuntos tales como la guerra, la paz, las treguas y los impuestos, y de que en cada una de las provincias habían de tener lugar reuniones previas para deliberar sobre los asuntos citados, el gobierno carecía de suficiente energía y el proceso de toma de decisiones resultaba con frecuencia excesivamente lento. Cada provincia tenía un consejero jurídico a sueldo, llamado “pensionario”. En la provincia de Holanda este consejero recibí a el nombre de “abogado del país”. Quienes ostentaban este cargo en la poderosa provincia de Holanda llegaron a tener una gran influencia; eran miembros permanentes de la asamblea de los Estados Generales y portavoces de la misma y desempeñaban la función de intermediarios entre los Estados y las potencias extranjeras. Johan Oldenbarnevelt y Johan de Witt fueron los abogados del país – “consejeros pensionarios”, como se les denominaría después – más influyentes. Después de la partida definitiva en 1587 del conde inglés de Leicester, se creó una grave situación. Junto con Leicester abandonaba los Países Bajos el ej ército que había venido a su mando y los Estados se veían relegados a sus propias fuerzas. Además, la Armada Invencible española se encontraba en el mar del Norte dispuesta a someter, con el apoyo del ejército del duque de Parma, a la protestante Inglaterra. Sin embargo, la expedición de castigo española fracasó por completo. El almirante Justino de Nassau impidió al ejercito de Parma unirse a la Armada y ésta fue desmembrada en el Canal por la flota inglesa, ayudada por barcos zelandeses y holandeses. Una fuerte tempestad contribuyó aún más a su destrucción y los barcos que quedaron se vieron obligados a poner rumbo a Escocia y después regresar a España. De los 130 barcos que componían inicialmente la flota, sólo consiguieron llegar a España unos 80. Esta victoria sobre la católica España hizo aumentar considerablemente el prestigio de los estados protestantes en Europa. Mauricio, hijo de Guillermo de Orange, consiguió con la ayuda del gran estratega político Oldenbarnevelt organizar mejor la resistencia contra los españoles. Mauricio reorganizó el ejercito e introdujo nuevas técnicas de combate. Oldenbarnevelt se ocupó de juntar el dinero necesario para ello, haciendo ponerse de acuerdo a los Estados y consiguiendo que se nombrase a Mauricio estatúder. La actitud de Leicester, que había venido para ayudar a las provincias en la lucha contra los españoles, pero que había intentado hacerse cada vez con más poder, contribuyó indudablemente a la formación del genio polí tico que fue Oldenbarnevelt y al fortalecimiento de la unidad de los Estados. Los éxitos más importantes alcanzados por Mauricio fueron la toma de Breda, en 1590, y la victoria sobre los españoles en la batalla que tuvo lugar cerca de Nieuwpoort en el año 1600. La toma de Breda se llevó a cabo haciendo uso de un barco que servía para el transporte de turba, en cuya bodega se habían escondido 68 hombres que se introdujeron desapercibidamente en la ciudad. El colaborador militar más importante de Mauricio fue Guillermo Luis, conde de Nassau y estatúder de Frisia, Groninga
La Unión de Utrecht (1579)
Las provincias meridionales de los Países Bajos, que estaban sometidas a la autoridad española, firmaron la Unión de Arrás. Las siete provincias “libres” del norte firmaron la Unión de Utrecht para así continuar juntos la lucha contra España.
El 24 de agosto del año 1572, en la Noche de San Bartolomé, fueron asesinados en París los principales jefes de los hugonotes; entre ellos, se encontraba Coligny, que era el principal partidario de Guillermo de Orange. La matanza se prolongó durante tres días, muriendo más de 20.000 hugonotes. Esto hizo que por el momento cesara todo tipo de ayuda proveniente de los franceses. Entretanto el duque de Alba se dirigió con su ejercito hacia el norte y fue conquistando ciudad tras ciudad. Sólo se salvó Alkmaar. En 1573, el Duque de Alba fue sustituido por don Luis de Requesens y Zúñiga. Aprovechando el menor vigor de la actuación de Requesens y la muerte de éste a los tres años de llegar, Guillermo de Orange consiguió una serie de importantes éxitos. En 1576, las diecisiete provincias firmaron la llamada “Pacificación de Gante”, en la que se adoptaron una serie de acuerdos sobre la cuestión religiosa. Así, se derogaron las leyes contra la herejía hasta que los Estados Generales tomaran una decisión sobre la libertad de religión. La cuestión religiosa desembocaría en una escisión entre los Países Bajos septentrionales y los meridionales. El hijo de Margarita de Parma, Alejandro Farnesio, príncipe de Parma, fue nombrado en 1578 gobernador de los Países Bajos. El nuevo gobernador consiguió que las provincias meridionales, que habían seguido siendo católicas, volvieran a someterse a la autoridad real española, firmándose el 6 de enero de 1579 la Unión de Arrás. Como reacción a la misma, las siete provincias del norte firmaron el 23 de enero del mismo año la Unión de Utrecht. Uno de los acuerdos más importantes tomados en la Unión de Utrecht fue que cada una de las provincias estaba facultada para regular según propios criterios la cuestión de la religión, pero que en todo caso nadie sería perseguido por sus convicciones religiosas. Guillermo de Orange consideró la escisión de los Países Bajos como una derrota personal. Guillermo de Orange costeó los levantamientos de 1568 y 1572 de su propio patrimonio y había quedado prácticamente arruinado. De ser una de las personas más ricas de su tiempo, había pasado a ser un hombre cargado de deudas. El pueblo le veneraba y le llamaba con cariño “Padre de la Patria”. Sus adversarios, sin embargo, le dieron el sobrenombre de “el Taciturno”, porque opinaban que se callaba en momentos en los que precisamente debía hablar.En general, se le reconoce una gran personalidad por su coraje y valentía para enfrentarse a dos enemigos tan poderosos como el rey de España y la iglesia cat ólica. Cuando en 1580 Felipe II le declaró proscrito y puso precio a su cabeza, Guillermo escribió, ayudado por el predicador Villiers, su famosa Apología; en ella exponía su teoría sobre el derecho a rebelarse contra un tirano. Las siete provincias, por su parte, respondieron a la proscripción de Guillermo de Orange en 1581 con una solemne declaración (“Placcaet van Verlatinghe”) en la que declaraban no reconocer ya a Felipe como soberano por no haber cumplido éste con sus obligaciones para con los súbditos. En 1582 tuvo lugar un atentado contra la vida de Guillermo de Orange. Su tercera mujer, Carlota de Borbón, con quien se había casado en 1575, se ocupó personalmente de cuidarle y lo hizo con tanta dedicación que perdió la salud y murió. En el año 1584 Guillermo sufrió otro atentado, que esta vez fue mortal. El atentado fue cometido en la ciudad de Delft por un cierto Baltasar Gerards. Guillermo de Orange dejó viuda a su cuarta mujer, Luisa de Coligny, hija de un líder importante de los hugonotes; con ella había tenido un hijo, Federico Enrique. Después de la muerte de Guillermo, los Estados Generales se reunieron y decidieron continuar la lucha. En esta reunión estuvo también presente Mauricio, hijo de Guillermo de Orange, que a la sazón contaba con 17 años de edad. La situación de las provincias rebeldes empeoraba rápidamente. El duque de Parma conquistó Amberes, la ciudad más importante de los Países Bajos. Muchos de los habitantes de Amberes se desplazaron hacia Amsterdam, que llegó a tener una gran importancia comercial, reemplazando así a Amberes. Los Estados Generales quedaron más que nunca convencidos de que la violencia era el único medio posible para librarse de la dominación española. Se ofreció sucesivamente la soberanía sobre los Países Bajos libres a Enrique II, rey de Francia, y a Isabel, reina de Inglaterra. Ambos rehusaron por temer una guerra con España. Isabel, no obstante, envió a los Países Bajos un ejército al mando del conde de Leicester, quien, en contra de la voluntad de la reina, aceptó el nombramiento de gobernador. Leicester ejerció el gobierno sin tener en cuenta a los Estados Generales y perdió pronto la confianza depositada en él. En 1588 los Estados Generales decidieron no nombrar nigún nuevo gobernador y asumir ellos mismos la soberanía, creando así la República de las Provincias Unidas.




