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Fin de la política de neutralidad (1949)
En 1949 se creó la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). Los Países Bajos también ingresaron en la OTAN poniendo así fin a la política de neutralidad que desde 1839 había constituido la esencia de la política exterior neerlandesa.
En 1957 los Países Bajos fueron uno de los países fundadores de la Comunidad Económica Europea. Mientras la sociedad neerlandesa se volvía a dividir ideológicamente tras las Segunda Guerra Mundial, en la política mundial se produjo también una división marcada. La Unión Soviética, que había contribuido considerablemente a la derrota de la Alemania nazi, incluyó a los países que había liberado en su zona de influencia. Los demás liberadores, Estados Unidos, Inglaterra y Francia, respondieron apoyando económica y financieramente a Alemania del Oeste y admitiendo a este país en la alianza occidental. Berlín fue el campo de batalla en el que se libró la “Guerra Fría”, denominación que se daría más tarde a la lucha entre el bloque del Este y del Oeste. Para hacer frente a la amenaza proveniente del “Bloque del Este”, se creó la Organización del Tratado del Atlá ntico Norte (OTAN) en 1949. Los Países Bajos también ingresaron en la OTAN y ello supuso el final definitivo de la política de neutralidad, que había constituido la esencia de la política exterior neerlandesa desde 1839.
En los Países Bajos poco a poco se fue reanudando la vida normal tras la guerra. Hacia 1950 se registró un cierto grado de prosperidad debido a la subida de los salarios. Para aliviar la escasez de viviendas, se construyó mucho en todo el país surgiendo un nuevo tipo de viviendas: el edificio de apartamentos. Estos edificios de tres o cuatro pisos reflejaban el “Racionalismo” que databa de 1920. Sin embargo, el problema de la escasez de viviendas siguió existiendo durante mucho tiempo. Después de la guerra se casó mucha gente y muchas parejas se vieron obligadas a vivir en casa de uno de los padres hasta que hubiese una vivienda disponible. La población también aumentó de forma explosiva pasando de 8,8 millones en 1940 a 10 millones en 1950. Además de las viviendas modernas, aparecieron todo tipo de aparatos eléctricos en los hogares neerlandeses, como por ejemplo radios, tocadiscos, aspiradoras, lavadoras y centrifugadoras, que contribuyeron a que la vida fuera más agradable y más fácil. Nunca hasta entonces se había dado a la población neerlandesa, sobre todo a las personas que percibían sueldos bajos y a los obreros, tantas oportunidades de prosperar y de llevar una vida cómoda.
Los Países Bajos participaron en la fundación de varias organizaciones internacionales como la ONU y la OTAN. En 1948 también surgió el deseo de cooperar a nivel económico, y este deseo se cumplió mediante la fundación del Benelux: una unión aduanera entre los Países Bajos, Bélgica y Luxemburgo. En 1957, estos tres países más Francia, Alemania e Italia decidieron fundar la Comunidad Económica Europea (CEE). El 1 de enero de 1958 entró en vigor el Tratado de Roma. Con la formación de la CEE se pretendía, tal y como consta en el artículo 2 del Tratado de la CEE: el desarrollo armónico de la actividad económica dentro de toda la Comunidad, una expansión constante y equilibrada, una mayor estabilidad, una mejora creciente del nivel de vida y unas relaciones más estrechas entre los Estados unidos en la Comunidad. Dentro de la CEE se estableció un mercado común así como una política agrícola general. En 1973 ingresaron Dinamarca, Irlanda y el Reino Unido, en 1981 Grecia y en 1986 España y Portugal. Austria, Finlandia y Suecia ingresaron en 1995 en la Unión Europea (UE). Desde la caída del muro de Berlín en 1989 y la posterior democratización de los países del bloque del Este, hay trece países candidatos nuevos, que se están preparando para ser miembros plenos de la Unión Europea. Con esta futura ampliación de la Unión Europea se conseguirá un ideal europeo ya existente desde el siglo XIV.
La época napoleónica (1806 – 1810)
Luis Napoleón, hermano de Napoleón, se convierte en rey del Reino de Holanda y adopta frente a su hermano una postura independiente en el gobierno del reino. Sin embargo, en 1810, Napoleón anexionó a Francia el reino de Holanda. En 1804 Napoleón Bonaparte consiguió hacerse con todo el poder en Francia y se coronó emperador. En París negoció con Rutger Jan Schimmelpenninck, legado de la República, la institución de un régimen de gobierno unipersonal. Los electores neerlandeses aprobaron esta propuesta y Schimmelpenninck fue nombrado consejero pensionario. Así, Napoleón podía ejercer más control sobre la Repú blica y contar plenamente con su apoyo en la lucha contra Inglaterra. En el corto periodo en que Schimmelpenninck ejerció el cargo de consejero pensionario llevó a cabo importantes reformas. Centralizó las finanzas de la administración pública y los impuestos, estableció la regulación legal del ejercicio de la medicina, normalizó la ortografía neerlandesa e introdujo una ley educativa. Napoleón pretendía destruir a Inglaterra mediante el denominado “Sistema Continental”, que consistía en un embargo comercial por el que se prohibía a los aliados de Francia y a los países neutrales todo comercio por mar con los ingleses. En respuesta, Inglaterra bloqueó los puertos europeos. Entonces surgi ó una intensa actividad de contrabando en las costas neerlandesas. Napoleón consideró por ello necesario intervenir más directamente en la República; oblig ó a dimitir a Schimmelpenninck y nombró en 1806 a su hermano Luis Napoleón (1778-1846) rey de los Países Bajos. La República se convirtió a partir de entonces en el Reino de Holanda. Luis Napoleón adoptó frente a su hermano una postura independiente en el gobierno del reino. Intentó comprender la mentalidad de sus súbditos y se esforzó por defender sus intereses. Así, por ejemplo, hizo la vista gorda al comercio de contrabando que tenía lugar en las costas neerlandesas. También creó el Real Instituto de Ciencias, Letras y Bellas Artes y sentó las bases de lo que posteriormente sería el Rijksmuseum de Amsterdam. A causa de la escasa colaboración de su hermano en el bloqueo económico de Inglaterra, en 1810 Napoleón anexionó a Francia los Países Bajos del sur. Algunos meses después, Luis Napoleón abdicó y desde ese momento todo el reino de Holanda pasó a formar parte de Francia. Entonces se implantaron en los Países Bajos las leyes francesas, introduciéndose el registro civil y el servicio militar. Cuando en 1812 Napoleón comenzó la campaña militar en Rusia, participaban en ella 15.000 soldados neerlandeses, de los cuales sólo unas centenas regresaron a su país. En 1813 Napoleón fue derrotado en la batalla de Leipzig. Las tropas francesas empezaron a retirarse de los Países Bajos y en Amsterdam se desencadenaron disturbios callejeros en los que se oía el grito de “Arriba Orange”. Van Hogendorp y el conde Van der Duyn van Maasdam, regentes partidarios de la casa Orange, tomaron el poder, haciéndose cargo del gobierno del país hasta que regresara el príncipe heredero Guillermo Federico, hijo de Guillermo V. El 30 de noviembre de 1813, Guillermo Federico desembarcó en Scheveningen. Aceptó la soberanía y prometió respetar la constitución. En 1815 Guillermo Federico, que había adoptado el nombre de Guillermo I, se proclamó rey de los Países Bajos
La Unión de Utrecht (1579)
Las provincias meridionales de los Países Bajos, que estaban sometidas a la autoridad española, firmaron la Unión de Arrás. Las siete provincias “libres” del norte firmaron la Unión de Utrecht para así continuar juntos la lucha contra España.
El 24 de agosto del año 1572, en la Noche de San Bartolomé, fueron asesinados en París los principales jefes de los hugonotes; entre ellos, se encontraba Coligny, que era el principal partidario de Guillermo de Orange. La matanza se prolongó durante tres días, muriendo más de 20.000 hugonotes. Esto hizo que por el momento cesara todo tipo de ayuda proveniente de los franceses. Entretanto el duque de Alba se dirigió con su ejercito hacia el norte y fue conquistando ciudad tras ciudad. Sólo se salvó Alkmaar. En 1573, el Duque de Alba fue sustituido por don Luis de Requesens y Zúñiga. Aprovechando el menor vigor de la actuación de Requesens y la muerte de éste a los tres años de llegar, Guillermo de Orange consiguió una serie de importantes éxitos. En 1576, las diecisiete provincias firmaron la llamada “Pacificación de Gante”, en la que se adoptaron una serie de acuerdos sobre la cuestión religiosa. Así, se derogaron las leyes contra la herejía hasta que los Estados Generales tomaran una decisión sobre la libertad de religión. La cuestión religiosa desembocaría en una escisión entre los Países Bajos septentrionales y los meridionales. El hijo de Margarita de Parma, Alejandro Farnesio, príncipe de Parma, fue nombrado en 1578 gobernador de los Países Bajos. El nuevo gobernador consiguió que las provincias meridionales, que habían seguido siendo católicas, volvieran a someterse a la autoridad real española, firmándose el 6 de enero de 1579 la Unión de Arrás. Como reacción a la misma, las siete provincias del norte firmaron el 23 de enero del mismo año la Unión de Utrecht. Uno de los acuerdos más importantes tomados en la Unión de Utrecht fue que cada una de las provincias estaba facultada para regular según propios criterios la cuestión de la religión, pero que en todo caso nadie sería perseguido por sus convicciones religiosas. Guillermo de Orange consideró la escisión de los Países Bajos como una derrota personal. Guillermo de Orange costeó los levantamientos de 1568 y 1572 de su propio patrimonio y había quedado prácticamente arruinado. De ser una de las personas más ricas de su tiempo, había pasado a ser un hombre cargado de deudas. El pueblo le veneraba y le llamaba con cariño “Padre de la Patria”. Sus adversarios, sin embargo, le dieron el sobrenombre de “el Taciturno”, porque opinaban que se callaba en momentos en los que precisamente debía hablar.En general, se le reconoce una gran personalidad por su coraje y valentía para enfrentarse a dos enemigos tan poderosos como el rey de España y la iglesia cat ólica. Cuando en 1580 Felipe II le declaró proscrito y puso precio a su cabeza, Guillermo escribió, ayudado por el predicador Villiers, su famosa Apología; en ella exponía su teoría sobre el derecho a rebelarse contra un tirano. Las siete provincias, por su parte, respondieron a la proscripción de Guillermo de Orange en 1581 con una solemne declaración (“Placcaet van Verlatinghe”) en la que declaraban no reconocer ya a Felipe como soberano por no haber cumplido éste con sus obligaciones para con los súbditos. En 1582 tuvo lugar un atentado contra la vida de Guillermo de Orange. Su tercera mujer, Carlota de Borbón, con quien se había casado en 1575, se ocupó personalmente de cuidarle y lo hizo con tanta dedicación que perdió la salud y murió. En el año 1584 Guillermo sufrió otro atentado, que esta vez fue mortal. El atentado fue cometido en la ciudad de Delft por un cierto Baltasar Gerards. Guillermo de Orange dejó viuda a su cuarta mujer, Luisa de Coligny, hija de un líder importante de los hugonotes; con ella había tenido un hijo, Federico Enrique. Después de la muerte de Guillermo, los Estados Generales se reunieron y decidieron continuar la lucha. En esta reunión estuvo también presente Mauricio, hijo de Guillermo de Orange, que a la sazón contaba con 17 años de edad. La situación de las provincias rebeldes empeoraba rápidamente. El duque de Parma conquistó Amberes, la ciudad más importante de los Países Bajos. Muchos de los habitantes de Amberes se desplazaron hacia Amsterdam, que llegó a tener una gran importancia comercial, reemplazando así a Amberes. Los Estados Generales quedaron más que nunca convencidos de que la violencia era el único medio posible para librarse de la dominación española. Se ofreció sucesivamente la soberanía sobre los Países Bajos libres a Enrique II, rey de Francia, y a Isabel, reina de Inglaterra. Ambos rehusaron por temer una guerra con España. Isabel, no obstante, envió a los Países Bajos un ejército al mando del conde de Leicester, quien, en contra de la voluntad de la reina, aceptó el nombramiento de gobernador. Leicester ejerció el gobierno sin tener en cuenta a los Estados Generales y perdió pronto la confianza depositada en él. En 1588 los Estados Generales decidieron no nombrar nigún nuevo gobernador y asumir ellos mismos la soberanía, creando así la República de las Provincias Unidas.



