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La cerámica de Tichelaar
La fábrica de cerámica Koningklijke Tichelaar existe desde hace más de 400 años. La factoría, ubicada en la ciudad de Makkum en el punto más septentrional de Holanda, fue fundada en 1572 y aún hoy está dirigida por un Tichelaar, la decimotercera generación.
¿Cómo puede sobrevivir esa fábrica en una sociedad que varía tanto constantemente? Su director, Jan Tichelaar, ha cambiado radicalmente el curso de la empresa. “Como antigua firma familiar, nos fijamos metas a futuro y nos ocupamos menos del zigzag a corto plazo. Nosotros acentuamos otros valores, no solo las ganancias. En los últimos cien años hemos producido sobre todo cerámica Azul de Delft, platos, floreros y vasijas para decorar las ventanas. Ornamentos que combinan bien con las alfombras persas y los muebles de roble.
Capacidad profesional excepcional
“Sin embargo, el gusto de la gente cambia y tuvimos que buscar una nueva dirección. Entonces no nos centramos en nuestros productos sino en nuestras habilidades, es decir: nuestra excepcional capacidad profesional. Así es que comenzamos a trabajar en otros terrenos, como arquitectura y diseños modernos”, declaró Tichelaar.
Muchas otras firmas productoras de cerámica llevaron sus fábricas a países donde se pagan bajos salarios, pero Jan Tichelaar decidió mantener el conocimiento, y los puestos de trabajo, en la pequeña ciudad de Mokkum. En estos últimos 15 años, el trabajo en conjunto con arquitectos y diseñadores como Hella Jongerius, Alexander van Slobbe, Studio Job y MVRDV ha llevado a grandes éxitos.
Mejor firma de diseño
Recientemente, el diario The New York Times incluyó a la tienda de diseños de Tichelaar en Makkum entre las seis mejores del mundo. Sobre la renovación de la empresa, esta semana fue presentado el libro Represent Koningklijke Tichelaar.
Rembrandt y el Retrato de Jan Six
En muy pocas ocasiones se tiene la oportunidad de contemplar el Retrato de Jan Six, quizás el más bello de los firmados por Rembrandt. Pero ahora, esta obra del pintor holandés se expondrá durante casi tres meses en el museo nacional Rijksmuseum de Ámsterdam.
El retrato, que data de 1654, parece una especie de foto instantánea. Jan Six tiene una mano desnuda y en la otra se acaba de poner un guante, ¿o quizás se los está quitando? Six mira por un instante al pintor, mientras sobre sus ojos recae la sombra de su sombrero, bajo el que se aprecia una abundante cabellera rizada. Un abrigo sobre el hombro izquierdo destaca en la indumentaria de un hombre bien vestido, aunque sin llegar a ser ostentoso.
Éste no es un típico retrato del Siglo de Oro que pretenda exhibir riqueza. Éste es un retrato como los que a Rembradt le gustaba hacer: el carácter de la persona es más importante que la propia apariencia. Tampoco se trata de una imagen compuesta a base de trazos precisos. Muchos detalles de la ropa, la cara y el pelo quedan no más que sugeridos, técnica que con el paso del tiempo se irá haciendo habitual en el artista.
Jan Six era un rico caballero de Ámsterdam que a menudo encargaba obras al pintor, a quien de vez en cuando prestaba dinero. El Rijksmuseum muestra también un grabado de Six.
Desde el siglo XVII, la familia Six es la propietaria de este cuadro que pertenece a una colección privada de arte. El lugar donde se encuentra la obra es propiedad del Estado holandés y está siendo renovado en estos momentos. Mientras tanto, el famoso retrato ha sido cedido al Rijksmuseum hasta el próximo mes de noviembre.
Alrededor del cuadro se ha montado la exposición titulada “Rembrandt en Jan Six, een Amsterdamse vriendschap” (Rembrandt y Jan Six, una amistad amsterdanesa), que podrá ser visitada hasta el 29 de noviembre. A partir de esa fecha, Jan Six retornará junto a sus descendientes.
Fuente: Phil Smet / http://www.rijksmuseum.nl/
Nueva vida para el castaño de Ana Frank
El centenario castaño en el jardín de la casa de Ana Frank en Ámsterdam fue derribado por una ráfaga de viento. “Oímos una ventolera, salimos a mirar y lo encontramos tumbado”, señaló un vocero de la casa museo de Anna Frank.
Ya en 2005 se sabía que el castaño estaba enfermo, lo que motivó un apasionado debate sobre el futuro de árbol, si cortarlo o conservarlo. Finalmente se le instaló una estructura de apoyo, para fijarle la copa, lo que finalmente no sirvió de gran ayuda.
Desde la ventana blindada en la casa trasera Anna disfrutaba de una vista al castaño. Lo describe en reiteradas ocasiones en pasajes de su diario de vida: “Nuestro castaño florece de nuevo, está lleno de hojas y está mucho más bonito que el año pasado”
Vista Holandesa: Redescubriendo Nueva York
La hija del fotógrafo Hendrik Kerstens lleva un pañuelo en la cabeza que parece de siglos pasados y confiere a su retrato el aura de un cuadro de un maestro holandés del siglo XVII. La foto se expone en el Museo Municipal de Nueva York.
El retrato forma parte de la exposición Dutch Seen: New York Rediscovered, (Vista Holandesa: Redescubriendo Nueva York), que se inaugura esta semana. Participan trece fotógrafos holandeses, cuatrocientos años después del viaje del descubridor Henry Hudson que llevó a estrechos lazos entre Holanda y Nueva York.
Pitbul terriers
La muestra ha sido organizada en colaboración con el museo fotográfico amsterdamés FOAM. Su directora, Marloes Krijnen, asistió a la apertura en Nueva York. En una serie fotográfica de Charlotte Dumas sobre los pitbul terriers atados en asilos de animales en Nueva York, ella cree divisar “una iluminación de Vermeer”.
Su colega Misha de Ridder se refirió a “la luz de Jacob van Ruisdael” en su dramático paisaje marino de Sandy Hook. Y Hendrik Kerstens dijo sobre los retratos de su hija Paula: “Nunca fue mi idea imitar a los maestros del siglo XVII, pero quizá sea lleve como holandés una especie de ADN. El estudio de Rembrandt, un arte que aprecio, me ha influido mucho.”
Indirectamente, los tres fotógrafos se refirieron a aquello que hace tan “holandés” a sus obras. La curadora de la muestra es Kathy Ryan, redactora del New York Times Magazine, el suplemento dominical a todo color. También ella destaca la influencia clásica en muchas de las obras elegidas. “Es un buen momento, excitante, para la obra de fotógrafos holandeses que se nutren de la comprensión de las tradiciones clásicas. Esa es la base, el comienzo. Pero si vemos las grandes diferencias en esta colección, nos damos cuenta que cada artista le imprime su propio sello.”
Gorra de béisbol
Casi todos los fotógrafos invitados realizaron obras específicamente destinadas a esta exposición. La mayoría eligió Nueva York, pero Erwin Olaf se inspiró a distancia por imágenes y otros documentos de una familia de afroamericanos, aparentemente de buena situación, alrededor de 1910. La hija de Hendrik Kerstens no pudo llegar a Nueva York por lo que su padre llevó esta ciudad a Holanda. Además de una servilleta de su restaurante favorito, la retrató con un bolso de supermercado como pañuelo en la cabeza y una gorra de béisbol de los New York Yankees.
Para el New York Times, Kathy Ryan eligió el conmovedor paisaje marino de Misha de Ridders como emblema en el anuncio de la muestra. “Es una fotografía tan impactante, uno se emociona al mirarla por primera vez. También es una foto histórica. Sería una de las primeras impresiones de Henry Hudson porque Sandy Hook debe haber sido el primer lugar que vio al llegar.”
También Jaap Scheeren se inspiró en la historia holandesa en el Nuevo Mundo, entre otras, con una fotografía de un castor disecado. Las pieles de castor eran importantes objetos de comercio para los primeros colonizadores, cuatro siglos atrás.
El subtítulo de la muestra, “Nueva York redescubierta”, se aplica quizá de forma literal para Morad Bouchakour, que vivió allí entre 1996 y 2001. Sus 33 retratos de ciudadanos neoyorquinos han sido dispuestos formando un esquema que recuerda el plano de una ciudad. Otra fotógrafa de la muestra, Wijnanda Deroo, se inspiró en elocuentes interiores de restaurantes en Nueva York.
Para la directora de FOAM, Marloes Krijnen, la muestra ya es un éxito: “Naturalmente, este año de Hudson es un buen momento para profundizar en las relaciones Holanda-Nueva York, pero lo que me parece más interesante es que ahora es un momento de profundo contacto que puede dar sus frutos. Esta exposición ha recibido mucha publicidad. Ahora, los fotógrafos holandeses son muy visibles en Nueva York. Algunos ya han recibido encargos y han vendido su trabajo. Y eso a su vez también puede dar sus frutos.”
Durante una visita al continente la semana pasada, Song dijo que también estaría haciendo presión en otros países africanos para que elaboren su propia legislación sobre crímenes de guerra, crímenes de lesa humanidad y genocidio para que “los juicios en La Haya sean menos necesarios”.
Y eso es exactamente lo que debe ocurrir, afirma Chidi Odinkalu Anselm, de la organización Justice Initiative con sede en Estados Unidos: “El Tribunal Penal Internacional debería invertir en asistencia técnica para concretar la complementariedad. Si fuera posible para los países afirmar con credibilidad que están juzgando los crímenes de guerra, con la asistencia del Tribunal Penal Internacional, eso sería importante, quizá incluso más importante que los juicios en La Haya, donde ni siquiera nos conceden una visa para poder asistir.”





