El rey Guillermo I (1813)
Final del periodo napoleónico. A Guillermo Federico, hijo de Guillermo V, le piden que vuelva a su patria. Dos años más tarde se convierte en rey de los Países Bajos y pasa a ser el rey Guillermo I.
El Norte y el Sur de los Países Bajos se unen para hacer frente a las pretensiones expansionistas francesas. En 1815, durante un congreso en Viena, se decidió crear una serie de Estados fuertes para frenar las pretensiones expansionistas francesas. El nuevo Reino de los Países Bajos, con Guillermo I como rey, se convirtió en uno de esos Estados. Esta reunificación de los Países Bajos del Norte y del Sur no fue bien acogida en todas partes. El Sur (Bélgica), donde había un predominio de los católicos, seguía viendo a los calvinistas del Norte como herejes. Los belgas estaban en contra de la igualdad de las religiones como estaba estipulada en la nueva Constitución de 1814. También se dotó al nuevo Estado de un Parlamento bicameral, al que sin embargo se le dio muy poca competencia en la gestión del país. El rey nombraba a los integrantes del Senado y enseguida se le dio el nombre de “la ménagerie du roi” al Senado. Se elegía el Congreso y estaba formado por la misma cantidad de miembros del Norte que del Sur. Al principio, el Parlamento adoptó una postura sumisa, pero Guillermo I se vio enfrentado cada vez con más frecuencia a una oposición encarnizada, que en parte se debió a la intromisión del rey en la formación de los curas católicos y a la introducción del idioma neerlandés en Flandes. Además, se juntaron las deudas públicas de ambos países. Esta medida se consideró injusta porque la deuda del Norte era mucho mayor. La personalidad de Guillermo I tampoco contribuyó a un buen entendimiento. Guillermo I se consideraba como un déspota ilustrado. En el Norte lo aceptaban, pero en el Sur no. Este carácter le llevó a reinar por Reales Decretos, que no tenían que presentarse ante el Parlamento, lo cual le hizo perder aún más credibilidad. Los logros del rey Guillermo I en beneficio de los Países Bajos se dieron sobre todo en el ámbito económico. Por eso, le llamaron el rey-comerciante. Sus intentos de convertir los Países Bajos del Norte y del Sur en un solo Estado tuvieron su origen en consideraciones de tipo político comercial. Guillermo I se daba cuenta de que el espíritu comercial del Norte y la actividad industrial del Sur se complementaban. Debido a ello, esos intereses aparentemente contradictorios podrían beneficiar tanto a los Países Bajos del Norte como del Sur. De esta manera, Guillermo I esperaba unir los dos Países Bajos. La realidad fue otra. Guillermo I no sólo invirtió mucho en proyectos nuevos, sino también en su propio patrimonio. Exigió al Congreso que el derecho a decidir sobre la hacienda pública recayese en gran parte sobre él. El Parlamento no tenía ni voz ni voto en lo concerniente a las colonias que Inglaterra había devuelto a los Países Bajos. En 1814, Guillermo I fundó el Nederlandse Bank, que empezó a emitir los billetes de banco. En 1818, se creó la Algemene Maatschappij voor Volksvlijt, para evitar la pauperización. En 1824, se formó la Nederlandse Handelsmaatschappij NV como sucesora de la VOC (Compañía de las Indias Orientales), con la cual Guillermo I quiso recuperar la gran participación de los Países Bajos en el comercio mundial. Además, el rey mandó cavar numerosos canales tanto en Bélgica como en los Países Bajos e introdujo el tren de vapor. A pesar de todos los esfuerzos de Guillermo I por introducir los métodos industriales modernos, que se concibieron sobre todo en Bélgica, los Países Bajos siguieron siendo durante mucho tiempo un país de campesinos y artesanos que vivían sumidos en la pobreza. El imperio colonial era importante aunque ya no era de la envergadura del siglo XVII y XVIII. La principal colonia eran las Indias neerlandesas.










